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Mostrando las entradas etiquetadas como canción

Café espacial - Puras Palabras

Lo que relataré a continuación no puede salir de aquí, pues temo a las consecuencias. No sólo para mí, sino también en tu contra. Eso sí, te prometo que todo lo que leas será cierto, tan real como que mi nombre es Mario Eugenio. Una noche volvía del trabajo durante uno de esos aguaceros tremendos que apenas y te dejan caminar. Recuerdo que había salido tarde por culpa de mi jefe que no paraba de pedirme que le agregara cosas al informe de fin de año. Yo creo que salí unas dos o tres horas más tarde. Pues ahí venía yo caminando desde la parada del camión, ya por adentro de mi colonia, para ir cortando camino y poder llegar a la casa lo menos empapado posible. Como no planeaba salir tan tarde, ni sabía que llovería, y menos a ese grado, no llevaba paraguas. Recuerdo que mientras caminaba, y por la tormenta, no vi a nadie más en la calle durante varias cuadras, que recorrí con una revista sobre la cabeza que al menos me permitiera ver hacia dónde iba, y mi termo con café en la otra mano. ...

Café común

La felicidad de Jaime por haber alcanzado un lugar donde sentarse en el camión iba desapareciendo mientras veía a través de la ventana. Pero no por culpa de las decenas de autos alrededor, la lluvia que sabía lo empaparía al bajarse, o que esa vez tardaría más en llegar a casa por el tráfico. No, era por el recuerdo de Beatriz, su Bea. Ya la había perdido, pero recordaba, por ejemplo, cuando la conoció. Ese día él acudió a una conferencia sobre monocordios en la Universidad Panamericana, donde ella estudiaba Estudios Latinoamericanos. La invitó a tomar algo en una cafetería que se veía cara desde la entrada. Al principio le preocupaba no estar a la altura, o más bien que su cartera no lo estuviera, pero ella lo tranquilizó contándole que su papá tenía dinero, que le invitaba. “Un macchiato con su grano de café más caro”, respondió él con una sonrisa, a la que ella correspondió. Sin embargo, lo que más recuerda de esa semana, fue cuando ella le confesó su interés en él: “Quiero vivir co...

Mocha navideño

  “Con un histórico acuerdo entre Robert Smith y Santa Claus, los góticos podrán festejar la Navidad”, dice el meme con foto entre el icónico personaje y el vocalista de The Cure, que deja en su teléfono para enviar después a alguien.   Al apagar la pantalla, piensa que aquella imagen es apropiada para el momento, pues va camino a elegir su árbol para este año, que ahora será natural.   Como no tiene coche, convenció a un amigo de llevarlo con otro más, argumentando que así saldría más barato el viaje hasta aquel pequeño pueblo fuera de la ciudad. Si las cuentas cuadran o no, ya será otro problema, lo importante es el viaje diría el tercero a bordo.   Aprovechando que ya estaba abierta la cafetería de la calle del amigo conductor, compraron cafés antes de partir, pues ya no era de madrugada, pero tampoco podría considerarse ese momento aún de mañana.   Él pidió un mocha caliente, pues pensó que la mezcla de café y chocolate le serviría para no dormirse, pues nun...

Espresso jefasso

 Para Enrique, el espresso siempre había sido una bebida de adultos, pero no solo de aquellos que pagan sus cuentas, cumplen con sus responsabilidades y van a trabajar. Era una bebida de adultos reales, como el jefe de área de alguna empresa, el director general o el dueño. Incluso, se imaginaba caminando por sus dominios con un pequeño vaso en la mano mientras supervisaba todo. Aunque eso sí, algunas veces se preguntaba cómo hacían para que ese brebaje de dos tragos les dudada más de 10 minutos, y sin tener que esta compre y compre. Ese martes, pensaba en eso mientras el director general caminaba hacia la sala de juntas donde estaban él y sus compañeros. Al parecer recibirían algún regaño por la baja productividad, o algo así. Desde lejos lo vio caminando con su vaso de cartón blanco en una mano, que extrañamente hacía juego con su suéter de lana gris, camisa a cuadros, pantalón negro y botines. Se preguntaba cómo no se quemaba la mano, pues el vaso apenas y sobresalía de entre s...

Americano de prisión

 Con el sonido del silbato del tren a lo lejos, Ricardo daba un sorbo de aquella taza de cerámica con café americano. Le sabía amargo, pero alguien le dijo que nunca debía ponerle azúcar, y él hizo caso religiosamente. Aunque estaba caliente la bebida, tomaba tragos cortos pero frecuentes, casi con ritmo. Al tercer sorbo notó que comenzaba a beber al ritmo del silbato de aquel largo y pesado ferrocarril del que sólo sabía su presencia por aquel agudo silbido y el traqueteo de las ruedas metálicas. "La vida es buena", pensó por tener aquella bebida entre sus manos. Aunque hacía sol, se sentía frío de invierno, por lo que le ayudaba tener algo con qué calentarse. Otro trago. Por su mente pasó la idea de ponerle aunque fuera un chorro de leche. "Para mejorar el sabor, darle otro giro", se justificó a sí mismo. Recordó el nacimiento del americano y la relación del espresso con los trenes. Después, por su mente pasó una escena rápida, de esas que se imagina uno mientras ...